sábado, 7 de enero de 2017

Mar

Si no te vuelvo a ver.
Si no te conozco.
Si me muero sin ver tus blancas olas
ni pisar tu blanda arena.
Si mis ojos no han de ver
la curvatura azul de tus horizontes,
ni mis labios conocer
el beso de sal de tus labios.
Será como no haber amado nunca:
amar, amar.
Te pareces tanto a la palabra amor
que sospecho nació de tu sonido, Mar, de tus mareas.
Hay tardes en que, de tanto pensarte, te
me sales por los ojos, como una materia
nacida de tanta y tanta añoranza.
Pero no puedo verte y es triste.
En fin, si me muero y no te conozco;
mi alma estará enferma, aún más enferma.
Búscame en el lugar al que me envíe la muerte.
Ya sea detrás del cielo o en los vientres
de los gusanos.
Ya sea en las corrientes del viento
o en las riberas del río sin memoria.
Encuéntrame, Señora, Madre primera, Espejo del cielo.
Mujer de los corales y de las medusas,
de los atunes y de las perlas de los ahogados;
y llévame contigo, y guárdame en tu reino,
mil, dos mil años.
No sé por qué pienso en ti
cada vez que veo la luna.

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