jueves, 5 de mayo de 2016

Todos necesitamos algo




Ya que hoy no pude escribir nada realmente extenso, solo cambié unos versos y unas mayúsculas por minúsculas y cosas así, pensando, siempre pensando en qué demonios quiero expresar y cómo hacerlo, adentro de la acción de todo siempre, entrometido, me dispongo a freestalear un rato porque me quedé con algo dentro que quise volar y no supe cómo. Estoy escuchando música electrónica y no sé si es por la marihuana o por la soledad pero hace rato salió un brazo de la cortina y trató de tocarme la pierna. El brazo se acercó de repente, color carne con camisa blanca. Volteo, no sé por qué sin alterarme, y me doy cuenta de que es la cortina. 
   Estoy solo. La persona que vive conmigo me dobla la edad y la fiesta: se acaba de meter cuatro líneas, dos por cada orificio de la nariz, para después tomar un poco de agua, ir a cagar y a dormir con el aire acondicionado a máxima potencia. El piso siempre está frío en su cuarto y también un poco afuera. Siempre anda en calzones, excepto cuando trabaja: tiene su oficina aquí en la casa y atiende como a ocho diez al día. No sé cuánto gana pero siempre tiene cocaína para todos. Las rayas que me patrocinó me están dando un poco de fuerza a cambio de no sé qué para estar escribiendo esto.
    Hoy no tuve la inspiración, o no encontré las palabras adecuadas, más bien, porque ahí estuve dándole duro a esa cosa, como diría el bukowski. Cómo lo extraño: le regalé los libros a un chavazo que cree que todo lo va a aprender en la escuela. El otro día se peleó a golpes por una mujer a la salida y le dije que volviera a leer los textos. Y también le dije que era poeta.
Trato de escribir todos los días; soy estricto y entusiasta y tengo una maldición. El roomie llevaba casi una hora dentro de su cuarto percibí de reojo una sombra en el pasillo; pensé que era él y dejé de voltear a la pantalla para mis ojos en la pared buscar. Era obvio que era él. Creí que la sombra había llegado caminando, no la sombra obviamente, sino el roomie  y la luz ocasionando sombra debido al contacto de los cuerpos. Y se había quedado parada detrás de la viga, como si lo hubiera invadido un pensamiento repentino: entonces se queda quieto y pone los ojos fijos en algo, casi siempre son sus pies, o cualquier cosa que esté delante de él. Sin verlo lo veo con los ojos taladrar y espero a que salga del ensimismamiento y me diga algo. Estoy seguro de que pasa menos de un minuto cuando, sin moverme de la mesa en la que trato de, maldita sea, dejarlo claro, me desengaño. Ahí no hay nada. O mejor dicho, no está él pero hay luz que vio mi cerebro de alguna forma dibujó un hombre ahí. Son las drogas o estoy loco, o es la maldición creativa.
   Trato de seguir escribiendo y me doy cuenta de que esto no va a funcionar. Borro cuatro versos. Estaba panzón el poseedor de la sombra, así lo percibió mi mente. Pero eso no importaba en ese momento, ni ahora. Tenía y tengo que encontrar las palabras adecuadas y el ritmo para expresar. No me importa qué tenga que hacer. Suelo tomar café y un six por la noche y casi siempre agarro el cotorreo, y la fiesta crece, y yo con unas líneas al diablo satisfago mi ser. No dormir es opción si es que en verdad quiero acabar. Solo es cuestión de hacer las combinaciones adecuadas.
   A veces, sin duda, me gana la fiesta, pero más que nada mi deseo por acabarme la vida joven en el disfrute. El otro día, mi roomie trajo a una morena, guerrera del valle, de naturaleza alburesca, y después de tomarse unos ginebras con pepino y canela y cotorrear como es debido se metieron a su cuarto. Cuando me desperté no supe por qué: el gallo que nos habíamos fumado era de dulce su grosor. Volteo a mi lado y la percibo despierta y hermosa en la oscuridad de los cuerpos.
¿Eres tú?
Eres tú quien me despertó
y te me quedas mirando
pasando de una cosa a la otra;
Parpadeo varias veces para lubricar mis ojos mientras nuestros cuerpos buscan cualquier parte del otro en la cama donde dormimos y a veces no logramos nada porque vivimos diferente la noche. No sabemos qué ha pasado entre los dos y hay un ruido. Hay varios que se sobreponen y los gemidos entran por debajo de la puerta. A gatas. Ha sido eso, y nos aguantamos la risa hasta no poder más. Empiezo a toser y busco el bote de agua que he dejado en la cama por algún lado. Con su voz alegre, como si no hubiese estado dormida hasta hace dos minutos, como si no tuviera nada de sueño y solo energía azul brillante en la oscuridad: hay que ganarles, me dice, y me muerde y exhala y susurra al mismo tiempo en la parte superior de mi oreja. No es broma. Ella lo desea: sus manos empiezan a rozarme y me da un beso en el cuello. Mira, le digo mientras la tomo del cabello, podemos hacer lo que quieras pero necesito ir al baño. Cuando salgo del cuarto me doy cuenta que su puerta está abierta. Al pasar les veo la lujuria en la espalda y aprovecho para escabullirme. Me aguanto la risa y tomo una bolsita de la mesa de cristal y salgo a la sala.
   Otra vez, a media peda, se levantó el perro, un amigo de la ciudad que venía por unos diablos al cantón, y propuso que todos los presentes nos desnudáramos para disfrutar de nuestros brebajes libres de prejuicio. Con la computadora prendida yo echaba el verso a la pantalla y pensé que estaba bien verlas a todas sin ropa, pero también me dije que si pensaba demasiado en eso me iba a alterar y entonces buscaría sexo descontrolado y acabaría con una infección ojalá menos horrenda que la vez pasada. Inyecciones diarias y una mujer que se cruzó en el camino al médico. Adónde vas; pues qué le contesto si su intención al encontrarnos por casualidad temporal en la avenida fue ir a cenar juntos. Esa noche soñé que el diablo me despertaba con su sola presencia en mi cuarto, que estaba como en la realidad es, y me decía: mira lo que has hecho con lo que te he regalado. Le vi las cejas y los ojos y le dije: todo lo que hago es seguir mi ritmo; de ese modo puedo obtener casi tres páginas diarias que luego puedo editar o reescribir o quemar, y que servirán para traer adeptos.



 

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