Ya que hoy no pude escribir nada realmente
extenso, solo cambié unos versos y unas mayúsculas por minúsculas y cosas así,
pensando, siempre pensando en qué demonios quiero expresar y cómo hacerlo,
adentro de la acción de todo siempre, entrometido, me dispongo a freestalear un
rato porque me quedé con algo dentro que quise volar y no supe cómo. Estoy
escuchando música electrónica y no sé si es por la marihuana o por la soledad
pero hace rato salió un brazo de la cortina y trató de tocarme la pierna. El
brazo se acercó de repente, color carne con camisa blanca. Volteo, no sé por
qué sin alterarme, y me doy cuenta de que es la cortina.
Estoy solo. La persona que vive conmigo me dobla
la edad y la fiesta: se acaba de meter cuatro líneas, dos por cada orificio de
la nariz, para después tomar un poco de agua, ir a cagar y a dormir con el aire
acondicionado a máxima potencia. El piso siempre está frío en su cuarto y
también un poco afuera. Siempre anda en calzones, excepto cuando trabaja: tiene
su oficina aquí en la casa y atiende como a ocho diez al día. No sé cuánto gana
pero siempre tiene cocaína para todos. Las rayas que me patrocinó me están
dando un poco de fuerza a cambio de no sé qué para estar escribiendo esto.
Hoy no tuve
la inspiración, o no encontré las palabras adecuadas, más bien, porque ahí
estuve dándole duro a esa cosa, como diría el bukowski. Cómo lo extraño: le
regalé los libros a un chavazo que cree que todo lo va a aprender en la
escuela. El otro día se peleó a golpes por una mujer a la salida y le dije que
volviera a leer los textos. Y también le dije que era poeta.
Trato de escribir todos los días; soy estricto y
entusiasta y tengo una maldición. El roomie llevaba casi una hora dentro de su
cuarto percibí de reojo una sombra en el pasillo; pensé que era él y dejé de
voltear a la pantalla para mis ojos en la pared buscar. Era obvio que era él.
Creí que la sombra había llegado caminando, no la sombra obviamente, sino el
roomie y la luz ocasionando sombra debido
al contacto de los cuerpos. Y se había quedado parada detrás de la viga, como
si lo hubiera invadido un pensamiento repentino: entonces se queda quieto y
pone los ojos fijos en algo, casi siempre son sus pies, o cualquier cosa que
esté delante de él. Sin verlo lo veo con los ojos taladrar y espero a que salga
del ensimismamiento y me diga algo. Estoy seguro de que pasa menos de un minuto
cuando, sin moverme de la mesa en la que trato de, maldita sea, dejarlo claro,
me desengaño. Ahí no hay nada. O mejor dicho, no está él pero hay luz que vio
mi cerebro de alguna forma dibujó un hombre ahí. Son las drogas o estoy loco, o
es la maldición creativa.
Trato de seguir escribiendo y me doy cuenta de que
esto no va a funcionar. Borro cuatro versos. Estaba panzón el poseedor de la
sombra, así lo percibió mi mente. Pero eso no importaba en ese momento, ni
ahora. Tenía y tengo que encontrar las palabras adecuadas y el ritmo para
expresar. No me importa qué tenga que hacer. Suelo tomar café y un six por la
noche y casi siempre agarro el cotorreo, y la fiesta crece, y yo con unas
líneas al diablo satisfago mi ser. No dormir es opción si es que en verdad
quiero acabar. Solo es cuestión de hacer las combinaciones adecuadas.
A veces, sin duda, me gana la fiesta, pero más que
nada mi deseo por acabarme la vida joven en el disfrute. El otro día, mi roomie
trajo a una morena, guerrera del valle, de naturaleza alburesca, y después de
tomarse unos ginebras con pepino y canela y cotorrear como es debido se
metieron a su cuarto. Cuando me desperté no supe por qué: el gallo que nos
habíamos fumado era de dulce su grosor. Volteo a mi lado y la percibo despierta
y hermosa en la oscuridad de los cuerpos.
¿Eres tú?
Eres tú quien me despertó
y te me quedas mirando
pasando de una cosa a la otra;
Parpadeo varias veces para lubricar mis ojos
mientras nuestros cuerpos buscan cualquier parte del otro en la cama donde
dormimos y a veces no logramos nada porque vivimos diferente la noche. No
sabemos qué ha pasado entre los dos y hay un ruido. Hay varios que se
sobreponen y los gemidos entran por debajo de la puerta. A gatas. Ha sido eso,
y nos aguantamos la risa hasta no poder más. Empiezo a toser y busco el bote de
agua que he dejado en la cama por algún lado. Con su voz alegre, como si no
hubiese estado dormida hasta hace dos minutos, como si no tuviera nada de sueño
y solo energía azul brillante en la oscuridad: hay que ganarles, me dice, y me
muerde y exhala y susurra al mismo tiempo en la parte superior de mi oreja. No
es broma. Ella lo desea: sus manos empiezan a rozarme y me da un beso en el
cuello. Mira, le digo mientras la tomo del cabello, podemos hacer lo que
quieras pero necesito ir al baño. Cuando salgo del cuarto me doy cuenta que su
puerta está abierta. Al pasar les veo la lujuria en la espalda y aprovecho para
escabullirme. Me aguanto la risa y tomo una bolsita de la mesa de cristal y salgo
a la sala.
Otra vez, a media peda, se levantó el perro, un
amigo de la ciudad que venía por unos diablos al cantón, y propuso que todos los
presentes nos desnudáramos para disfrutar de nuestros brebajes libres de
prejuicio. Con la computadora prendida yo echaba el verso a la pantalla y pensé
que estaba bien verlas a todas sin ropa, pero también me dije que si pensaba
demasiado en eso me iba a alterar y entonces buscaría sexo descontrolado y
acabaría con una infección ojalá menos horrenda que la vez pasada. Inyecciones
diarias y una mujer que se cruzó en el camino al médico. Adónde vas; pues qué
le contesto si su intención al encontrarnos por casualidad temporal en la
avenida fue ir a cenar juntos. Esa noche soñé que el diablo me despertaba con
su sola presencia en mi cuarto, que estaba como en la realidad es, y me decía:
mira lo que has hecho con lo que te he regalado. Le vi las cejas y los ojos y
le dije: todo lo que hago es seguir mi ritmo; de ese modo puedo obtener casi
tres páginas diarias que luego puedo editar o reescribir o quemar, y que servirán
para traer adeptos.
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