sábado, 14 de mayo de 2016

Relato

Desde la dulce amplitud del día
Desciende un vapor de tiempo congelado
Y la sencillez que las alas muestran
No es más que una forma de hartazgo y tedio.

La mariposa llena de sombras los muros
Con esta agonía del alma que me enaltece
La miro sin emitir palabra o juicio
Y su ala tira polvo de ala sobre la mesa.

Yo callé cuando el silencio fueme requerido
Y fue en mí en quien pervertí y en nadie más
Mientras la pared de aceite reflejaba el espejismo
Yo peleaba conmigo por asimilar su imagen.

Ella es hija de mi temperamento y de mi error
Y este pecho dividido resulta de mi añoranza
De saber que no ver más su inclinación habrá de hacerse
Y que su breve paso no dividirá ya más el polvo.

Mas debe de entenderse que no me aflijo
Que en todo momento supe la temporalidad de la dicha
Y si bien es cierto que la sombra me contempla
Reconozco una semilla pura sufriendo en mi carne.

Cada planta con su insecto me habla de la futilidad
De toda materia viva y materia inerte
Los días y las noches se suceden en lento peregrinaje
Al vacío al sutil escenario de la transparencia.

Yo tan sólo pido al cielo que de mí me olvide
Que todas las personas callen para siempre su importancia
Que sobre la inminencia de la muerte abran los párpados
Por toda tierra una cama por toda risa un firmamento opaco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario