Desde la dulce
amplitud del día
Desciende un
vapor de tiempo congelado
Y la sencillez
que las alas muestran
No es más que
una forma de hartazgo y tedio.
La mariposa
llena de sombras los muros
Con esta agonía
del alma que me enaltece
La miro sin
emitir palabra o juicio
Y su ala tira
polvo de ala sobre la mesa.
Yo callé cuando
el silencio fueme requerido
Y fue en mí en
quien pervertí y en nadie más
Mientras la
pared de aceite reflejaba el espejismo
Yo peleaba
conmigo por asimilar su imagen.
Ella es hija de
mi temperamento y de mi error
Y este pecho
dividido resulta de mi añoranza
De saber que no
ver más su inclinación habrá de hacerse
Y que su breve
paso no dividirá ya más el polvo.
Mas debe de
entenderse que no me aflijo
Que en todo
momento supe la temporalidad de la dicha
Y si bien es
cierto que la sombra me contempla
Reconozco una
semilla pura sufriendo en mi carne.
Cada planta con
su insecto me habla de la futilidad
De toda materia
viva y materia inerte
Los días y las
noches se suceden en lento peregrinaje
Al vacío al
sutil escenario de la transparencia.
Yo tan sólo pido
al cielo que de mí me olvide
Que todas las
personas callen para siempre su importancia
Que sobre la
inminencia de la muerte abran los párpados
Por toda tierra
una cama por toda risa un firmamento opaco.
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