Yo, sin cuerpo,
me ocultaba en los árboles para verla danzar sobre su infancia:
Jamás antes vi
manos más parecidas a palomas
Ni ojos más
parecidos a soles o a atrayentes abismos
Cuando
pase el tiempo pediré a Dios un cuerpo con el cual tocarte
Jamás antes vi
la espuma del mar usarse como atavío
Risa de
hojarasca Abundancia de libélulas a la mitad del cielo
Cuando
nazca, y crezca, y pueda olerte, no buscaré aire más puro
Yo soy aquel que
flota en el tiempo, con los ojos cerrados, cuando ella salta en su corriente
Camino encorvado
recogiendo los milagros nacidos de su sombra
Y los ángeles me
miran coléricos por culpa de mi deseo prematuro
¿Hasta
cuándo la tibieza de tu saliva y el peso de tu carne?
Yo soy aquel que
canta a su sangre a la orilla de sus venas
Aniridia,
desnuda eres bella como la belleza
Desnuda eres
bella como la sombra de las alas sobre los ríos
¿Hasta
cuándo tu mirada perdida y el peso de tus labios?
Aniridia, cuando
duermo pronuncio tu nombre con palabras mudas
Cuando entras a
la escuela todos los salones guardan silencio
Y el árbol
sacude sus hojas llenas de viento y se ríe
Es
como si este sudor tuyo hubiera llovido desde el cielo
Aniridia, he
perdido peso y comienzo a no ver este paisaje
Todo es tan
cálido, tan sin palabras, tan lleno de dolor
La noche se
refugia dentro de mis párpados, el silencio, en mis oídos
Es
como si este frágil llanto te llamara a través del cielo
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