domingo, 26 de abril de 2015

Llegando del debraye me encontré con una hoja en blanco



Reporte: Evadimos un asalto, nos hicimos compa a un exconvicto que acababa de salir de pintón; el muy bipolar se emputó con los perros románticos y se abrió a la verga. Dejé la suela en un lugar del centro y toda la banda dio la baiza. Llovió cotorreo y pobrecita de la banda tapatía, nos importa mucho la opinión del otro. Un saludo, voa guacarear mientras me pica un mosco en el dedo chiquito, así nomás, pa’ cagar la banana. El debraye es el debraye del mismo modo en que la verga es la verga. Éramos tres contra tres, cancha reglamentaria, buen clima, y sustancias enervantes para aguantar los dos tiempos. Y el miedo... la doble moral... o la doblé, moral, me cae que sí la doblé; han de seguir buscándonos, qué pedo con ellas. Yo por eso saco el pipazo en breve. Luego piensan que a uno le gusta la mierda que le dan de tragar hasta por los ojos. Que chingue a su madre el sistema y cualquier persona que le niegue un beso a otra solo porque está en una relación. Viva la vida. Viva el amor. Chiquita bonita, así, sin condón. Yo quiero tu miel y tú quieres rezar, delante de todos vamos a debrayar.
   De la nada llegaron como demonios del escrúpulo, pidiendo la verga con la mirada, queriendo un contrato primero. Ya te veré de ruca y pensarás, te lo juro que pensarás en esos locos que caminaron descalzos para sentir las piedras y la arena. Cruzamos el río y tú, ¿gustas cruzarte conmigo? Así terminó. De la misma manera que siempre, unas botellas vacías y un chinguero de risas. Vamos solos. Recuerda. ¿Te acuerdas? Yo sí, y eso que andaba pedales con Lupita, la de las colas para entrar. Yo no busqué nada y encontramos todos. Esa es la magia de la baiza. Lo repito: el asaltante terminó contándonos que su mujer se había ido con otro, una tristeza. Noté su soledad desde que pasó del asalto al cotorreo, desde que llegó solo a querer enfrentar a los perros. Tenía varios tatuajes, y nos advirtió que el que tenía en la panza “Mexicaltzingo” en letras cursivas, significaba que su barrio lo respaldaba: “mira, si yo chiflo, la clica se deja venir en breve. Salen hasta de las ventanas”. Silencio, piensas en las probabilidades mientras otro perro por teléfono te dice cómo llegar a la fiesta y no le pones atención porque empiezas a abrir y cerrar, abrir y cerrar el puño derecho. Pero qué somos, perros. Por eso sacamos el cotorreo infinito de la manga, y era gracioso pensar que desde un teléfono público un perro solicitaba nuestra pronta asistencia al cotorreo porque se veía muy apagado y porque todavía los científicos no desarrollan pilas que duren. Yo sugiero un LSD en cualquier circunstancia de tu vida. Y también un palo.
    Bueno, así las cosas. Lucharé contra la voladora y si despierto entero tal vez devuelvo el mandado, igual y tiene garantía, no como el voto, o el culo, que a veces es lo mismo. Llego, abro la puerta y siento una náusea, es el tiempo desperdiciado por los demás. Qué lástima, no entendieron el trip, fallé como maestro, fallaron como seres libres. Adiós. Nunca más cara a cara, puta ilusión de cercanía mediante las redes sociales. Alguien grita que le abran aquí abajo, es un hombre a su mujer. Se siente perdido, y no sabe que aunque cruce el umbral él no pertenece ahí. Deja de gritar. Date cuenta. No sabes dónde estás. Te desesperas, y es que no das la baiza: te consume el alcohol y te ahogas en vómito.
   Agarré tres culos. Tres. En ningún momento fui ofensivo. Agresivo, sí. Y sentí su miedo cuando palpitaban en mis manos. Me gusta tripear a la banda y nos buscarán porque la locura escasea en este mundo de tiempos compartidos, doce meses sin intereses y un crédito que pagarás hasta después de muerto, pero tú sigue así, en la búsqueda de esa cosa que no necesitas, pero que ya pediste del gabacho y mañana te llega por paquetería. Niega tus labios. Qué dirán los demás. Qué pensará ese dios que te ha abandonado desde antes que naciste. Primero una cita, cuéntame tu vida para poder tocar tu cuerpo sin remordimiento. Dime cómo quieres que se llamen tus hijos y después siéntete sentada. Porque así estarás toda tu vida, esperando un ideal que no llegará. Televisa te ha podrido el cerebro pero tienes el cuerpo fresco. Te grito al oído mi deseo y la música siempre promoviendo el roce. Por más que intento, quieres un contrato y un tiempo definido. Qué tristeza, no te das cuenta que la vida es hoy. Los perros se van y saben que debrayaron. Las mujeres se van y hoy o mañana pensarán en ese perro, que pudo haber sido material pa' un taco de a tres baros, pero que eligió ser piloto maníaco. Discúlpeme señorita, no le vuelvo a decir que tiene unos senos hermosos. Lo guardaré en secreto y no se lo diré a nadie. Aunque sé que de tarde en tarde se para en el espejo y piensa desnuda quién querrá ese cuerpo. Será mi secreto y sólo lo expulsaré cuando me masturbe. Siga siendo insegura, sigue buscando ser aceptada y ganarás el rechazo de la locura.
   No ha pasado el tiempo desde hace siglos, ¿verdad? Deja le pido permiso a tu papá para tomar tu mano; deja busco la aprobación de tus amigos para hacerte lo que ellos quisieran pero no se animan –y yo digo que si es culo pa’ qué nace-; deja le pido permiso a tu madre para quitarte los calzoncitos con los dientes, igual hasta desea volver a nacer.
   Qué risa me da cuando las personas escuchan ambulancias en medio de la música. Y luego nos echan la culpa.

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